Desarrollo del lenguaje infantil

12 01 2010

1.- Introducción

El estudio del desarrollo del lenguaje en el niño es un tema muy atractivo por lo interesante que resulta científicamente la facilidad con la que nacen los seres humanos para dominar los procesos de comunicación y lenguaje. Quizás, como han indicado con énfasis los antropólogos, para compensar la indefensión e inmadurez del neonato y del bebé. Además, el lenguaje es el vehículo que nos permite ser como señala la vieja metáfora “enanos subidos sobre las espaldas de gigantes” (Merton,1965), para hacer referencia al hecho de que cada ser humano tiene como punto de partida aquél en el que se encuentra su contexto sociocultural y, por lo tanto, subido a ese gigante que es la cultura, su evolución será muy distinta. El lenguaje es esa escalera y las palabras son los peldaños que posibilitarán a los niños subir a “la espalda del gigante” y evolucionar con las mejores expectativas. No comprender, no oír las palabras, es un freno tan grande para el desarrollo que las personas que se encuentran en esa situación, y no son ayudadas convenientemente, sufren el más duro de los estancamientos. Este es el caso de la cita que recogemos a continuación, extraída del libro de Laborit (1995), relato autobiográfico de una joven francesa sorda de nacimiento. Su obra se titula El grito de la gaviota, porque los gritos agudos que Emmanuelle emitía de pequeña recordaban a su familia el chillido de ese ave marina. Además en el original francés hay un juego de palabras porque “muette” significa  muda y “mouette” es gaviota.

“Las palabras son una cosa rara para mí desde la infancia. Digo cosa rara por lo que tuvieron de extraño al principio.

¿Qué querían decir aquellos gestos de la gente que había a mi alrededor, con su boca en forma de círculo, o estirada en muecas diferentes, con los labios en posiciones curiosas? Yo notaba alguna cosa distinta cuando se trataba de cólera, de tristeza o de contento, pero el muro invisible que me separaba de los sonidos correspondientes a dicha mímica era a la vez de vidrio transparente y de cemento. Me agitaba a un lado de ese muro y los demás hacían lo mismo al otro lado. Cuando intentaba reproducir sus gestos como un monito, no eran palabras, sino letras visuales. A veces me enseñaban palabras o una sílaba o dos sílabas que se parecían, como papá, mamá, tata.

Los conceptos más sencillos eran aún más misteriosos. Ayer, mañana, hoy. Mi cerebro funcionaba en el presente. ¿Qué significaban el pasado y el futuro?

Cuando comprendí, con ayuda de los signos, que el ayer estaba detrás de mí y el mañana delante de mí, di un salto fantástico. Un progreso inmenso, que los que oyen tienen dificultad en imaginar, habituados como están a oír desde la cuna las palabras y los conceptos repetidos incansablemente, sin ni siquiera darse cuenta”.

Laborit (1995). El grito de la gaviota, pág. 5.

El lenguaje es para el ser humano el instrumento de su pensamiento. En este sentido es importante que los padres sepan que lenguaje y pensamiento se influyen mutuamente. Por lo tanto, todos los esfuerzos que desde la familia se realicen para que el niño hable y se exprese con corrección, contribuirá a un mejor desarrollo de las potencialidades cognitivas infantiles, permitiéndole por una parte comunicarse y enriquecerse con las aportaciones del entorno que le rodea y, por otra, autocontrolar y mejorar su propia actividad hablándose a sí mismo.

Resumiendo, diremos que el lenguaje es un sistema de representación que pertenece tanto a la cultura como al niño. Para el niño es un medio útil que le permite comunicar y controlar sus estados interiores, obtener información, alejarse del presente y participar en las actividades sociales del grupo que le rodea. Para la cultura, el lenguaje es un sistema de comunicación aceptado, los sonidos las palabras y el orden en que éstas se colocan en cada idioma, une a grandes grupos humanos en la forma de comunicarse.

2.- ¿Qué entendemos por desarrollo y qué entendemos por lenguaje?

Puesto que en este capítulo vamos a analizar los aspectos más relevantes del desarrollo del lenguaje infantil, consideramos conveniente comenzar con algunas reflexiones sobre ¿qué entendemos por desarrollo? y ¿qué entendemos por lenguaje?.

2.1. – ¿Qué es el desarrollo?

En el ámbito que nos ocupa, el desarrollo se refiere a la evolución o cambio que se produce en los seres humanos durante todo el ciclo vital. Se trata de un proceso complejo, resultado de interacciones o transacciones entre variables biológicas, psicológicas y socioculturales.

Para valorar cuáles son los cambios, por qué se producen y cómo podemos influir educativamente para optimizarlos, es importante considerar:

a)    Existe un acuerdo generalizado entre los especialistas en que hay un curso básico y común del desarrollo para todos los niños que evolucionan con normalidad, especialmente en las primeras etapas del desarrollo físico, cognitivo y socio-emocional. Este patrón o guía del desarrollo nos permite establecer una secuencia en el desarrollo del lenguaje infantil con la que podemos valorar la situación concreta de un niño determinado.

b)    Para comprender el desarrollo que se aleja de la norma es importante considerar la base biológica de la conducta, ya que aunque en los seres humanos existe una gran plasticidad, en algunas ocasiones podemos encontrar limitaciones al desarrollo. Sin embargo, puesto que científicamente resulta difícil determinar ¿hasta dónde llega esa limitación?, no deben escatimarse medios y esfuerzos para influir positivamente en los distintos desarrollos. Es decir ante un niño que por una causa física presente un riesgo de no desarrollarse con normalidad, es importante ser muy constante aplicando un programa de intervención.

c)    Los cambios a los que estamos sujetos los seres humanos pueden ser cualitativos y cuantitativos, por ejemplo con relación al desarrollo del lenguaje infantil no sólo puede aumentar el número de formas en las que un niño interactúa con los demás, también pueden hacerlo las características de esa comunicación.

d)    Los especialistas discrepan en sus concepciones sobre cómo se produce el desarrollo a lo largo de la vida. Para algunos teóricos el ser humano pasa por unos estadios o fases cualitativas bien definidas que aparecen en el mismo orden en todos los individuos. Este sería el caso de la aportación del psicólogo suizo Jean Piaget que, influido por las ciencias naturales, elabora una teoría en la que se describe la evolución del desarrollo infantil con un gran paralelismo, si se nos permite la comparación, a las fases por las que pasarían algunos animales en sus procesos de metamorfosis. Las autoras Saunders y Bingham Newman (1989)  en su obra, Perspectivas piagetianas en la educación infantil, ejemplifican con gran acierto estos cambios cualitativos propios de la evolución en etapas. Así, entre las numerosas analogías propuestas, afirman que si el desarrollo es un gran edificio, más correcto que representar a los niños en los primeros pisos y a los adultos en los posteriores, sería considerar a los niños en otro edificio, especialmente hasta los 7 años.

En las escuelas infantiles pueden oírse comentarios como estos:

- Cuando sea mayor seré papá;

- Mentira. Serás mamá.

- Yo no  puedo ser mamá, yo ya tengo mamá.

Ó

- Estos son todos iguales porque son de color naranja.

Piaget llegó a la conclusión de que el lenguaje de los niños puede proporcionar pistas muy significativas sobre una forma de pensar diferente, ayudándonos a analizar las características de la etapa en la que se encuentran.

Sin embargo, para otro grupo de teóricos el desarrollo es como un cambio gradual que puede tener o no un orden fijo y consideran que no puede identificarse ninguna secuencia definida. Aunque esta visión del desarrollo tenga un alto valor explicativo en los niños que nosotros llamamos excepcionales, porque se salen de la norma por defecto o por exceso (Fortes, 1996), y  en otras etapas del ciclo vital que no sea la infancia; lo cierto es que cuando hablamos de niños de desarrollo normal, coincidimos con Flavell (1992) en que la noción de estadio resulta útil. Entre otras razones, porque la variable edad es un elemento a tener en cuenta en niños de desarrollo normal y porque ese esquema general del desarrollo infantil que nos proporciona el modelo de estadios nos ayuda a comprender los procesos de razonamiento y comunicación en la infancia.

e)    A lo largo del desarrollo los cambios pueden adoptar formas diversas. Refiriéndonos a la infancia, a veces, aunque se esté en mejor disposición madurativa  para adquirir  nuevos modos de funcionamiento y objetivos más avanzados, puede ser que el cambio no sea siempre positivo por la estrecha relación que existe entre el desarrollo cognitivo, afectivo y social. Este hecho puede presentarse en el caso de un niño que ante un determinado problema ambiental sufre un retroceso en sus procesos de comunicación, lenguaje y habla.

2.2.- ¿Qué entendemos por lenguaje?

Para contestar a esta pregunta comenzaremos diferenciando: comunicación, lenguaje y habla. Diariamente participamos en miles de interacciones comunicativas, por ejemplo, un niño llora y su madre lo coge en brazos; un padre sonríe y su hijo sabe que lo está haciendo bien. En estas interacciones interviene un emisor, un mensaje y un receptor, que son los tres elementos necesarios para que se produzca una comunicación. Aunque el lenguaje y el habla constituyen el sistema de mensajes más ampliamente utilizado en la comunicación humana, las palabras orales o escritas no son necesarias para que se produzca una verdadera comunicación.

El lenguaje es un sistema utilizado por un grupo de personas para dar sentido a los sonidos, gestos y otros símbolos que permiten la comunicación El lenguaje puede definirse como un código gracias al cual las ideas sobre el mundo se transmiten a través de un sistema convencional de señales arbitrarias de comunicación. En el lenguaje se suelen diferenciar cinco dimensiones: fonología, morfología, sintaxis, semántica y pragmática. La fonología es el estudio de las reglas lingüísticas que determinan el sistema de sonidos de la lengua. La morfología estudia la forma en que las unidades básicas de significado se combinan para formar palabras. La sintaxis es el sistema de reglas que determina el orden que deben tener las palabras para formar las frases. La semántica es un sistema de reglas que relaciona la fonología y la sintaxis con el significado. La pragmática es un conjunto de principios que determinan cómo debe utilizarse socialmente el lenguaje. Resulta de gran importancia observar estas dimensiones en el lenguaje infantil para poder explicar qué puede estar pasando y cómo podemos ayudar a los niños. Por ejemplo, si Vicente con cinco años y medio,  tiene un buen vocabulario y construye bien las frases pero no reproduce bien los fonemas y dice: – Mi madre tiene la  “moada” “tervical” , cuando quiere decir: – Mi madre tiene la almohada cervical;  su problema es fonético. Sin embargo si Teresa de 6 años reproduce bien los fonemas pero tiene dificultades en construir correctamente las frases y dice: - yo si sabría más bien  hacerlo mejor, yo; cuando quiere decir:   – Yo sabría  hacerlo mejor, su problema es morfosintáctico.

El habla se produce cuando se emite un código lingüístico empleando los modelos fonológicos apropiados. Los sonidos que la producen son productos de cuatro procesos distintos pero relacionados entre sí: la respiración (fuente de energía que alimenta el habla), la fonación (la producción de sonidos que se producen cuando los pliegues de las cuerdas vocales de la laringe se unen con la contracción de determinados músculos y producen vibraciones en el aire), la resonancia (la calidad del sonido del aire va modificándose a medida que pasa a través de la garganta, de la boca, y a veces, de las cavidades nasales), y la articulación (la formación de sonidos específicos con la lengua, los labios, los dientes y la boca).

Nos parece importante destacar que el lenguaje y el habla del niño tienen lugar siempre en un clima de comunicación en el que las claves no verbales de los adultos como la postura corporal, la expresión facial, los gestos, la mirada, los movimientos de la cabeza, el cuerpo y la proximidad física, entre otros elementos contextuales, pueden constituirse en potenciadores o inhibidores del desarrollo del lenguaje infantil.

Entre las funciones del lenguaje infantil siguiendo a Halliday (1982) y, Gallardo y Gallego (1995), podemos recoger las siguientes:

  • Función instrumental: El niño constata que el lenguaje se usa como un medio para que las cosas se realicen.
  • Función reguladora: El lenguaje también puede ser utilizado como elemento de control.
  • Función interactiva: Muy relacionada con la anterior, se refiere a la utilización del lenguaje en la interacción entre el yo y los demás.
  • Función personal: Vinculada a la concepción del lenguaje como elemento de la propia individualidad.
  • Función heurística: El lenguaje es un medio para obtener información de los otros; un instrumento para aprender sobre las cosas.
  • Función imaginativa: Hace referencia al uso del lenguaje por el niño para recrear su propio entorno más allá de un referente inmediato.
  • Función informativa: Construida sobre la base de una presuposición intersubjetiva, ya que el lenguaje es un medio de manifestar y expresar propuestas.
  • Función metalingüística: Que consistiría en volver sobre el propio uso del lenguaje.

3.- Bases neurobiológicas del desarrollo del lenguaje.

3.1.- Desarrollo neural y lenguaje.

Si tuviéramos que destacar un proceso en el desarrollo neurobiológico infantil, sin duda utilizaríamos el término plasticidad. Los especialistas suelen referirse a este hecho señalando que el niño nace con las neuronas desconectadas y que son los estímulos que recibe del medio los que determinan cómo se unen. Es decir, en la formación del sistema nervioso central humano se  producen dos grandes grupos de fenómenos. En el primero ocurre la morfogénesis y se generan los elementos celulares específicos, en el segundo se realiza la hodogénesis (del griego, camino, vía), o desarrollo de las vías de interconexión nerviosa, a partir de la expansión de prolongaciones neuronales (dendritas y axones) que establecerán un complejo sistema de conexiones sinápticas, lo cual posibilita que el sistema nervioso pueda conducir y procesar la información. Aunque entre la morfogénesis y la hodogénesis existe un cierto solapamiento, el segundo fenómeno es mucho más largo y se prolonga durante varios años posnatales. Por lo tanto desde la perspectiva del desarrollo neural puede afirmarse la existencia de un “período crítico”. Sería algo así como afirmar que para el aprendizaje de una lengua es mejor comenzar con un aprendiz de un año, antes que uno de dos; con uno de dos antes que uno de tres; con uno de tres antes que uno de cuatro…

3.2.- Maduración de los elementos mecánicos fonoarticulatorios.

Como señalan Arsuaga y Martínez (1998) los sonidos en los que se basa el lenguaje humano se producen y modulan en la serie de cavidades que constituyen el tramo superior del conducto respiratorio y reciben el nombre genérico de tracto vocal: la laringe, la faringe y las cavidades nasal y oral. En todos los mamíferos, excepto en las personas adultas, la laringe ocupa una posición alta en el cuello, situándose casi en la salida de la cavidad bucal. Esta posición permite conectar la laringe con la cavidad nasal durante la ingestión de líquidos, que pueden pasar de la cavidad oral al tubo digestivo sin que la respiración se vea interrumpida. Es decir, todos los mamíferos, excepto el hombre, pueden respirar por la nariz mientras beben. Este hecho es importante si pensamos en que los cachorros de las distintas especies deben poder respirar al mismo tiempo que maman para que este sistema de alimentación sea eficaz. Los lactantes humanos también tienen la laringe en la misma posición que el resto de los mamíferos, el descenso de la laringe en nuestra especie se produce hacia los dos años de vida. A partir de ese momento perdemos la facultad de respirar mientras bebemos  y, además, la insólita situación de la laringe humana hace posible la obstrucción del conducto respiratorio por el alimento. Por esta razón, Arsuaga y Martínez (1998) señalan que el hombre además de ser el “mono desnudo” es el “primate atragantado”. Sin embargo, como contrapartida al inconveniente del atragantamiento, el ser humano tiene espacio faringeo, que es uno de los resonadores más importantes.

Como puede observarse en la ilustración, el neonato posee un canal orofaríngeo que discurre con suave pendiente hacia la glotis, mientras que en el adulto forma un ángulo recto. La laringe como ya hemos explicado tiene una localización más alta, de hecho la epiglotis contacta prácticamente con el paladar blando lo que le permite deglutir sin problemas pero carece de espacio faríngeo, y el vestíbulo laríngeo es muy reducido. La cavidad es proporcionalmente más corta y ancha, está ocupada casi por completo por la lengua y, además carece de dientes. El tono de la musculatora mandibulofacial también es deficiente en el niño pequeño y por esta razón posee perfiles de entonación propios, así como ciertas dificultades para reproducir correctamente algunos fonemas.

(Incluir ilustración)

4.- Modelos psicolingüísticos para explicar el desarrollo del lenguaje en el niño.

Uno de los dilemas tradicionales de la psicología del desarrollo es la cuestión de herencia o ambiente ¿quién tiene más peso o poder explicativo en el proceso de evolución de nuestras competencias como seres humanos?. Pues bien, los distintos enfoques y problemas teóricos que se han planteado para intentar comprender  cómo se adquiere el lenguaje se sitúan a uno u otro lado de esa balanza que tiene en uno de sus platos el peso de lo innato y, en el otro, los elementos ambientales.

Una postura, que podemos considerar clásica dentro de la historia de la psicología, defiende que el lenguaje es una invención social, cultural, fruto de la aplicación de unas capacidades cognitivas generales al campo comunicativo. Como diría Piaget, el lenguaje sería una manifestación más de las aptitudes cognitivo-simbólicas de la especie humana. Existen, sin embargo, algunos rasgos peculiares del aprendizaje de la lengua, debido a la secuencia cronológica que marca la maduración biológica, que puede determinar unos períodos de mayor sensibilidad para el aprendizaje del lenguaje, llamados períodos críticos. En estos periodos resulta más eficaz la intervención educativa, ya que, según el enfoque clásico, el lenguaje se adquiere de forma semejante a otros aprendizajes cognitivos, es decir, en interacción con el habla de los adultos.

Frente a esta postura, encontramos aportaciones como la de Chomsky reformuladas con nuevas concepciones que sostienen que el lenguaje responde a una facultad órgano mental específico o módulo. Pinker (1994) expresa en su trabajo la idea de que la gente sabe cómo hablar en el mismo sentido, más o menos, en el que las arañas saben como tejer sus telas. El hilado de las telas de araña, afirma,  no fue inventado por ningún desconocido genio-araña. Más bien las arañas tejen sus telas porque poseen cerebros de araña, que les impulsa a tejer y les proporcionan la competencia para hacerlo con éxito. Pinker (1994) también señala que aunque existan diferencias entre las telas de araña y las palabras, hay que considerar el lenguaje de esta manera.

4.1.- La teoría de Chomsky sobre la adquisición del lenguaje.

Chomsky es un lingüísta americano que revolucionó la lingüística al final de los años 50, en un momento en que Skinner, uno de los principales psicólogos conductistas defendía la adquisición del lenguaje desde la teoría del condicionamiento operante, es decir, toda la explicación sobre la adquisición del lenguaje infantil  estaba en el ambiente.

Chomsky, considera que en el ser humano existe un dispositivo innato de adquisición del lenguaje que a partir de unos datos lingüísticos primarios y muy reducidos permite en un periodo corto de tiempo la adquisición de una gramática generativa, ya que lo que caracteriza a la comunicación lingüística humana es la creatividad, que se demuestra en el hecho de que los niños a los cinco años sean capaces de producir y comprender un número infinito de oraciones que no han oído nunca con anterioridad.

En versiones más recientes, Chomsky (1981) ha matizado teóricamente su visión de  esa gramática generativa, que ya no es concebida como un sistema de reglas, sino como un conjunto de principios y parámetros que determinan el rango posible de las lenguas humanas. La adquisición del lenguaje por parte del niño se reduciría, por tanto, al dominio de esa gramática universal innata. El argumento principal a favor de esta concepción tan radicalmente innatista es el llamado pobreza del estímulo, según el cual los niños son capaces de aprender su lengua materna a partir de unos datos lingüísticos primarios, “muy reducidos y degradados”, como afirmaba Chomsky. Sin embargo, la investigación posterior ha demostrado que los niños escuchan de los adultos emisiones perfectamente construidas, cuya complejidad va aumentando con la edad del niño.

Sería simplista no considerar las variables innatas en la adquisición del lenguaje infantil, sin embargo puesto que nuestra capacidad de actuación sobre lo biológico está mucho más limitada, no debemos olvidar la gran importancia que tiene el  ambiente para desarrollar potencialidades. Por esta razón coincidimos con las ideas que  Kaye (1986) expresa en su libro La vida mental y social del bebé. Cómo los padres crean personas, cuando afirma que “el medio se hereda en forma de congéneres, adultos incorporados a hechos a medida de una cultura, expertos que sintonizan los comportamientos con los de sus crías”

4.2.- El enfoque de la socialización en la adquisición del lenguaje.

Nos parece interesante comenzar este apartado, destacando, que los niños oyentes hijos de padres sordos que no tienen un modelo familiar próximo y constante de lenguaje oral, como un abuelo o abuela que conviva en el domicilio familiar, tienen problemas en la adquisición del habla; ya que a estos niños no les basta para adquirir el lenguaje oral oírlo a través de la televisión o de otros adultos que no participen en su crianza. Este hecho sugiere que además de la comunicación lingüística, es importante que se cree un ambiente comunicativo en el que los adultos realicen una adecuación a la capacidad comunicativa de los niños. También se ha demostrado que niños a los que se ha cuidado con negligencia manifiestan distintos niveles de retraso en la adquisición del lenguaje. Contrariamente, niños que han tenido una estimulación muy rica porque su ambiente familiar o educativo era bilingüe o trilingüe, consiguen sin problemas comprender y hablar esas lenguas.

El estudio de cómo el sujeto desarrolla estrategias, es decir el análisis de la manera en que el niño se apropia de su lengua por medio de los principios operativos que adopta para poner en relación significante y significado en un contexto sociofamiliar y sociocultural dado ha sido objeto de numerosos trabajos en el marco de la moderna psicología cognitiva-sociocultural. Bajo esta perspectiva Snow (1995) explica que dependiendo de las características de cada lengua, se modifica el proceso de adquisición. Por ejemplo, los niños japoneses comienzan aprendiendo verbos, en lugar de nombres, debido a que el japonés al contrario que en otras lenguas tiende a conservar los verbos y a suprimir los nombres. Por otra parte, los niños israelíes dejan pronto de considerar a la palabra como una unidad aislada y rápidamente comienzan a explotar todas las posibilidades morfológicas que permite una lengua como el hebreo, cuyas palabras tienen una gran variabilidad. Todos estos datos parecen destacar como señala Karmiloff-Smith (1994) que la estimulación lingüística no sólo es un prerrequisito para la adquisición del lenguaje sino que además modula su desarrollo.

5.- Aparición del lenguaje

5.1.- Precursores del lenguaje: recepción auditiva y percepción categórica de los sonidos del habla.

Mucho antes de poder hablar el niño es sensible a la comunicación verbal del entorno y reacciona selectivamente a la voz humana. Deja de llorar cuando alguien le habla. Hacia la sexta o séptima semana puede distinguir entre entonaciones ascendentes y descendentes. Además, muy pronto los estados afectivos del niño pueden variar a causa de las diferentes entonaciones de los adultos.

Mediante el método de habituación se ha podido estudiar la percepción categórica que los bebés tienen de los sonidos utilizados en el lenguaje. Este método consiste en registrar el ritmo de succión, así, el bebé reduce el ritmo de succión si el estímulo acústico no varía; por el contrario el ritmo de succión se acelera cuando se le hace oír un estímulo diferente del primero. De esta forma se ha podido comprobar que los niños son capaces de discriminar la mayoría de los sonidos de su lengua desde los primeros meses de vida, aunque la discriminación de otros sonidos se realiza más tarde. Según Gerken (1994) los niños nacen con una capacidad innata de distinguir un amplio rango de contrastes fonéticos, rango que se iría limitando con la exposición a una lengua concreta, de forma que progresivamente sólo mantienen aquellos contrastes que son relevantes para la lengua en la que están inmersos, y se modificarían las categorías que no se ajustan a ese idioma.

5.2.- Estadios prelingüísticos.

El niño comienza a emitir sus primeros sonidos desde el nacimiento, sonidos que en un principio serán reflejos para progresivamente adquirir una función comunicativa y de exploración del tracto vocal. Algunos autores consideran que la función del balbuceo sería la de ofrecer al niño la posibilidad de practicar la producción de sonidos y, al mismo tiempo recibir retroalimentación sobre sus emisiones, ya que puede oírse y autorregular su producción.

Los primeros aspectos de la utilización del lenguaje están bastante determinados por aspectos de tipo biológico innato, en consecuencia hasta los tres o cuatro meses los niños empiezan a producir balbuceos en los que se puede distinguir una secuencia que es muy parecida en todas las lenguas. Por ejemplo comienzan produciendo sonidos guturales pasando luego a otras consonantes oclusivas. Los experimentos que han tratado de influir sobre estos primeros balbuceos estimulando vocalmente a los niños han dado resultados negativos en cuanto a modificar los sonidos que los bebés producen, lo que parece indicar que se trata de una capacidad no definida por las influencias ambientales. También apoya esta idea el hecho de que  durante los cuatro o cinco primeros meses de vida los niños sordos de nacimiento tienen los mismos balbuceos que los niños sin problemas auditivos. Sin embargo, exceptuando esta producción de sílabas arcaicas, el balbuceo posterior está muy influido por el entorno lingüístico. Por esta razón los niños sordos, a partir de los 4 o 5 meses, cuando balbucean producen distintos patrones que los oyentes. Por otra parte, los niños de otras comunidades lingüísticas manifiestan también a partir de esa edad distintos patrones de balbuceo.

Resumiendo diremos que desde las primeras emisiones sonoras emitidas por el recién nacido, hasta que consigue producir sus primeras verbalizaciones con significado (alrededor de los 12 meses), podemos diferenciar las fases siguientes:

Estadios prelingüísticos Duración

aproximada

Características principales
Producción de vocalizaciones

(sonidos inarticulados)

De 0 a 2 meses Se trata de un estadio de vocalizaciones reflejas o casi reflejas en el que se incluyen gritos y sonidos vegetativos (bostezos, arrullos, suspiros, fricaciones).
Producción de sílabas arcaicas De 1 a 4 meses Los sonidos producidos por el niño están ligados a la aparición de la sonrisa, primer indicio de comunicación social. Cuando el bebé no grita puede distinguirse  la producción de secuencias fónicas, constituidas por sílabas primitivas formadas por sonidos casi-vocálicos y casi-consonánticos articulados en la parte posterior de la garganta (ej.:conducta de decir “ajo”).
Balbuceo rudimentario De 3 a 8 meses Etapa caracterizada por nuevas producciones que incluyen sonidos plenamente resonantes. Los investigadores insisten en la  extraordinaria capacidad del bebé para jugar con su voz (juego vocal).
Balbuceo canónico (también llamado balbuceo reduplicativo) De 5 a 10 meses El niño comienza a producir sílabas bien formadas del tipo consonante-vocal reiteradas y largas (mamama, papapa).
Balbuceo mixto (también llamado parloteo o jerga expresiva) De 9 a 18 meses Los niños comienzan a producir palabras dentro del balbuceo, por eso se denomina balbuceo mixto o enunciados mixtos. Este balbuceo contiene a la vez lexias identificables como elementos significativos y sílabas no reconocibles como unidades léxicas.

Tomado de Le Normand (1997)

5.3.- Desarrollo de los sistemas lingüísticos

5.3.1.- Desarrollo del sistema fonológico

El desarrollo del sistema fonológico está ligado como hemos descrito anteriormente a cambios morfológicos y madurativos de los órganos de fonación, Las primeras palabras infantiles se caracterizan por una serie de simplificaciones o desviaciones de las formas adultas. Estos cambios pueden ser:

  • Sustitución: el niño sustituye un fonema o grupo de fonemas por otro. Por ejemplo : decir “poca” en lugar de “boca”.
  • Omisión: cuando omite un fonema o grupo de fonemas. Por ejemplo: decir “baco” en lugar de “barco”.
  • Inserción: inserta un fonema donde no debe ir. Por ejemplo: decir  “lagua” en lugar de “agua”.
  • Distorsión: distorsiona un fonema, dado como resultado un sonido que no se corresponde a la cadena fonemática del castellano. Por ejemplo: pronuncia incorrectamente el fonema /r/.

Estos errores de pronunciación propios de los niños pequeños se  denominan dislalias evolutivas. Podemos definir la dislalia evolutiva como aquella fase del desarrollo del lenguaje infantil en la que el niño no es capaz de repetir  correctamente por imitación las palabras que escucha. En consecuencia, comete errores desde el punto de vista fonético.

Dentro de una evolución normal del desarrollo madurativo del niño estas dificultades se van superando y sólo si dificultan mucho la comprensión del lenguaje o persisten más allá de los 4-5 años habrá que estudiar qué está pasando.

Las dislalias evolutivas no precisan de un tratamiento directo sin embargo es necesario que los adultos mantengan un comportamiento adecuado que no permita la fijación de esquemas defectuosos. Por lo tanto será conveniente hablar al niño de forma clara, no imitándole en sus errores, ni tomándoselo como una gracia.

5.3.2.- Desarrollo del sistema léxico

Un primer aspecto a considerar es la diferencia que existe en el lenguaje infantil entre comprensión y producción, ya que el niño comprende mucho antes de que sea capaz de emitir la palabra. En general se afirma que es capaz de entender oraciones con más de dos meses de adelanto sobre lo que es capaz de producir.

Las primeras palabras que pronuncia el niño no designan inmediatamente conceptos o clases de objetos, sino que sólo se consigue esa designación lentamente. Vasta y otros (1996) ilustran este proceso con el siguiente ejemplo: un bebé de 12 meses dice di-di, y comienza a llamar di-di a la televisión (este ejemplo se entiende en la lengua inglesa TV- ti vi = didi). En este momento estos sonidos empiezan a funcionar como palabras para el niño, pero los padres no atribuyen demasiada importancia a esta fase porque ninguna de las palabras que el niño emplea se corresponde con las suyas propias. Poco después el niño comienza a producir sonidos que aunque están un poco distorsionados son más reconocibles para los adultos, por ejemplo llamando di-vi a la televisión. Entonces los padres consideran jubilosos ese acontecimiento como un hito en el desarrollo del niño. Estas primeras palabras infantiles pueden ser utilizadas en muchas situaciones. La palabra “abrigo”, por ejemplo puede designar la prenda de vestir, el gorro o la silla de paseo, puede indicar el paseo que acaba de dar o notificar que se quiere ir.

Las investigaciones sobre las primeras palabras han estudiado tradicionalmente las diez primeras palabras y las cincuenta primeras palabras. Se afirmaba que las primeras palabras eran nombres y verbos, pero analizando el contexto en el que se producen se puede ver que, de hecho, desde los primeros momentos aparecen todas las categorías gramaticales, aunque algunas como las nominales que designan objetos, representan más de la mitad.

Nelson (1973) estudió las cincuenta primeras palabras emitidas por los niños y diferenció entre niños con estilo referencial y niños expresivos. Según sus conclusiones, los niños con estilo referencial se centran fundamentalmente en los objetos y en su denominación, por lo tanto utilizan normalmente nombres comunes. Mientras que los niños expresivos, se fijarían más en la interacción social, y en consecuencia emiten más palabras que expresan estados afectivos,  acciones y relaciones sociales (buenos días, gracias, adiós, bien). En otro trabajo, Peters (1977) distinguió entre niños analíticos y niños gestálticos. Los niños analíticos comienzan construyendo frases de una sola palabra  y posteriormente pasan a emisiones sintácticas más complejas. Los niños gestálticos empiezan construyendo con gran frecuencia frases de más de una palabra con una entonación apropiada aunque distante de las formas adultas.

Sin embargo en estos y en otros estudios que se han realizado es importante considerar si los investigadores han tenido en cuenta los cuidados y el tipo de habla a la que el niño ha estado expuesto, sus propias experiencias sensoriales, lo que los adultos esperan de él y el desarrollo neurológico individual.

En nuestro país, Castro y Pérez Pereira (1995) realizaron una investigación muy interesante sobre las primeras palabras desde el enfoque de la pragmática del lenguaje infantil. Estudiaron a Sandra y Andrea, dos niñas gemelas fraternas nacidas a los ocho meses de gestación. Los autores pudieron comparar el desarrollo del lenguaje en ambas hermanas, dándose la circunstancia de que Sandra es ciega por fibroplasia retrolental (retinopatía del niño prematuro), mientras que Andrea tiene visión normal. La niña ciega mostró, al principio, una frecuencia de uso sensiblemente mayor de emisiones con “función personal” que su hermana vidente, en especial las referidas a la descripción de sus propias acciones  (personal acción) y sus propias intenciones (personal determinación), es decir, su lenguaje estaba más orientado a sí misma. No obstante, analizando la evolución que sufren dichas funciones, se apreció un notable descenso a partir de los 3,5 años, hasta tal punto que al final del período estudiado (5,6 años) las dos niñas hacen un uso semejante del lenguaje en lo que a esta función se refiere.

Resumiendo podemos afirmar que la base léxica del lenguaje del niño está constituida por un sistema, limitado pero abierto que codifica los objetos familiares concretos, las principales personas de su entorno, así como los estados de esos objetos y personas, incluyendo acciones y sentimientos. Generalmente, las primeras palabras son sustantivos. El niño nombra a las personas y los objetos con los que está más a menudo en contacto y que forman parte de su universo: los miembros de su familia, los animales, los alimentos y los juguetes. Su vocabulario incluye también algunas palabras que designan acciones. Utiliza sólo de vez en cuando verbos, algunos términos adverbiales como “ya está” “también” “aquí” y onomatopeyas que se reducen a medida que aumenta su vocabulario.

Puesto que los niños comienzan a hacer uso de las primeras palabras como una parte de la situación, la extensión que les dan no es la misma que en el lenguaje adulto, produciéndose dos fenómenos complementarios:

a)    Sobreextensión del significado de una palabra cuando se refieren con ella a otros muchos objetos a los que no se aplica habitualmente y que pueden no tener ninguna relación semántica con la palabra. Delval (1994) recoge el ejemplo de un niño que emplea la palabra “una” para referirse inicialmente a la luna y luego la aplica a  galletas, formas redondas en los libros, etc. Al parecer los niños realizan este proceso con los primeros veinte o treinta términos que aprenden y es más frecuente hacia los 18-20 meses. Puede deberse a una necesidad del niño por comunicarse cuando no conoce la palabra adecuada, pero también al reconocimiento de características semejantes  en las cosas o situaciones. Alrededor de los 2 años y medio el niño deja de hacer sobreextensiones y pregunta frecuentemente por el nombre de las cosas (¿Qué es esto?), lo cual hace que vaya aumentando y acotando el significado de las palabras.

b)    Infraextensión o restricción, consiste en que el niño aplica una palabra en un sentido muy limitado a muchos menos objetos de los que designa el lenguaje adulto. Por ejemplo el niño puede llamar animal sólo a algunos mamíferos grandes, flores sólo a las que se ponen en un jarrón encima de la mesa, etc.

Estos patrones de utilización de las palabras nos muestran que el niño no sólo designa propiedades objetivas de las cosas sino también su propio punto de vista.

En cuanto al desarrollo del vocabulario infantil señalaremos que a partir de los 12 meses se produce un notable incremento en el número de palabras que comprenden. Mientras que la eclosión del vocabulario expresivo tiene lugar alrededor de los 18-24 meses.

Las primeras palabras producidas por el niño de 12 meses aún no están sujetas a reglas gramaticales ya que utilizan una palabra como si fuera una frase (palabra- frase u holofrase). Por ejemplo el niño dice “agua” y, según el contexto, puede querer decir “el nene quiere agua”, “el agua está en el suelo”, “el pajarito bebe agua”, etc. Para los psicolingüístas seguidores de Chomsky este período holofrásico expresa la existencia de un universal lingüístico del tipo sujeto-verbo-objeto, que el niño tiene de forma innata, pero que no puede expresar de momento por sus limitaciones biológicas madurativas.

5.3.3.- Desarrollo del sistema morfositáctico

Aproximadamente a los 18 meses comienzan a aparecer en el habla infantil las primeras producciones formadas por dos o tres palabras que el niño combina, según los innatistas, mediante un sistema propio que no es copia del adulto. Esto llevó a Braine (1963) a definir estas emisiones como “gramática pivote”. Las palabras pivote son un pequeño número de palabras que aparecen frecuentemente en las emisiones de dos palabras y que están sometidas a determinadas reglas, ya que siempre ocupan una posición fija (en inglés), casi nunca pueden combinarse entre sí, o emitirse solas. Por ejemplo si el niño dice: aquí nene, “aquí” es una palabra pivote en posición inicial.  La “gramática pivote” tuvo mucha aceptación al principio pero luego se vio que el niño no se atenía tan estrictamente a esas reglas de combinación y que una misma emisión podía tener significados distintos en diferentes circunstancias, por lo que era necesario prestar más atención a los aspectos semánticos y so sólo a la sintaxis.

Sin embargo, sí destacaremos que la emisión de dos palabras constituye una etapa universal en el desarrollo del lenguaje y que mediante ellas se expresan muchos contenidos diferentes como se refleja en el cuadro siguiente.

Funciones de las emisiones de dos palabras

El niño dice Función de la expresión
- coche mesa

- más leche

- gorro no

- nene cae

- mi perro

- nene guapo

-¿nene guapo?

- Localización, nombre

- Petición deseo

- Negación

- Descripción de suceso

- Posesión

- Cualificación

- Interrogación

Entre los 2 y 3 años el desarrollo del lenguaje se caracteriza por la formación de frases constituidas por dos o más palabras. En esta evolución, como es lógico, resulta imposible establecer una frontera nítida entre estas emisiones de dos y tres palabras, llamadas “telegráficas” por la estrategia comunicativa empleada similar a la utilizada en los telegramas, ya que se omiten las palabras carentes de significado propio, y la progresiva inclusión en la frase de dichas palabras.

Según el enfoque socializador en la adquisición del lenguaje, el niño mediante un proceso de generalización contextual pone a funcionar un número limitado de fórmulas que le ayudan a determinar la posición de las palabras. Por ejemplo: nene ido; cómo (se) abre; dormir no; no (se) puede; coge (a) Marina. Y, progresivamente va mejorando sus fórmulas de manera que cada vez se expresa con mayor similitud a los adultos que le rodean.

Entre los elementos fundamentales a estudiar en las frases infantiles destacaremos: entonación, sobrerregulación morfológica, orden de las palabra y utilización de pronombres.

a) Entonación: La entonación es fundamental para comprender el significado de una frase infantil ya que la misma combinación de palabras puede ser entendida como una declarativa, una pregunta o una sorpresa, según las curvas melódicas o entonativas.

b) Sobrerregulación morfológica: Puede observarse por ejemplo en la adquisición de las formas verbales y consiste en aplicar las terminaciones de los verbos regulares a todos los verbos aunque sean irregulares. En lugar de decir “hecho” el niño dice “hacido”, también dirá “ha ponido” en lugar de “ha puesto” o “ha rompido” en lugar de  ha roto, etc. Este elemento del habla infantil ha sido tomado como una evidencia para defender que el niño no adquiere el lenguaje mediante la imitación de las formas lingüísticas de los adultos, porque claramente cuando sobrerregulariza está produciendo formas que nunca ha oído previamente, ya que hasta en los mejores ambientes lingüísticos en un momento dado los niños dicen “kabo” (quepo), “pieses” (pies) o “morido” (muerto). Sin embargo, esta creatividad aplicando la regla aunque demuestra una cualidad innata depende para su desarrollo de la estimulación ambiental como lo demuestra la forma característica de U que tiene su evolución. Es decir, en un primer momento los niños pequeños manifiestan una actuación casi sin errores porque básicamente imitan las formas verbales de los adultos y su repertorio es muy reducido, en una segunda fase adquieren mayor autonomía en sus producciones verbales sobrerregularizando y cometiendo numerosos errores (parte central de la U). Finalmente, emplean correctamente las formas irregulares.

c) Orden de las palabras

El orden de las palabras determina el sentido de la frase. Un enunciado en español se compone generalmente de sujeto-verbo-complemento de objeto, y el niño lo aprende muy deprisa ya que aproximadamente desde los 3 años y medio consigue dominar la estructura fundamental de su lengua materna.

d) Utilización de pronombres

Cuando los niños comienzan a hablar imitan las expresiones de los adultos, por lo tanto si la madre dice: – “quieres tú una galleta”, es posible que cuando el niño pida una galleta diga también: – “quieres tú una galleta”, en lugar de “yo quiero una galleta”. Los pronombres personales tienen una naturaleza deíctica, ya que su sentido concreto en cada situación depende del discurso actual. Por ejemplo mí se refiere a mi mismo si lo digo yo, pero a ti si tú lo dices. Este tipo de errores suele desaparecer pronto del habla infantil, sin embargo existen algunos niños que los mantienen durante más tiempo, son los niños ciegos. Los investigadores señalan que es posible que la visión ayude a observar la transferencia de pronombres de un uso a otro y que la ausencia de esta experiencia sea la responsable de la confusión que experimenta el niño ciego. Por lo tanto, si esta explicación es correcta, el niño ciego tiene también un poco más de dificultad que el niño que ve con otros términos deícticos como éste/ése, aquí/allí (Lewis, 1991).

6.- Etapas del desarrollo normal del lenguaje

(Adaptado de Heward,1997)

6.1.- Del nacimiento a los 6 meses
  • El niño se comunica por medio de gritos y llantos.
  • Se desarrollan diferentes clases de gritos y llantos, y según ellos los padres suelen distinguir cuándo el niño está mojado, cansado o hambriento.
  • Sonidos que expresan comodidad, -gorjeos, gorgoteos y suspiros- con algunas vocales y consonantes.
  • Los sonidos que expresan comodidad se convierten en balbuceo, que al principio parecen hacerse por el placer de emitirlos y escucharlos.
  • Las vocales como /i/ y /e/ aparecen antes que las consonantes como /m/, /b/ .
  • Aunque el niño no asigne significado a las palabras que escucha puede mostrar reacciones distintas ante la elevación o la suavidad de la voz.
  • Los ojos y el rostro se vuelven hacia la fuente del sonido.

6.2.- De 6 a 12 meses
  • El balbuceo comienza a diferenciarse
  • El niño desarrolla inflexiones: su voz se eleva y baja.
  • Puede responder adecuadamente a palabras como “no”, “adiós” o a su nombre y realiza acciones como batir palmas cuando se lo ordenan.
  • Repite sonidos y palabras simples como papá, mamá.
6.3.- De 12 a 18 meses
  • A los 18 meses la mayoría de los niños ha aprendido a decir varias palabras con el significado adecuado.
  • La pronunciación es muy imperfecta: el niño puede decir “aso” cuando se le señala un vaso o “eta” para referirse a una galleta.
  • Se comunica con señales o con frases de una o dos palabras.
  • Responde a órdenes simples como “dame el vaso” o “abre la boca”.
6.4.- De 12 a 24 meses
  • La mayoría de los niños atraviesa una etapa de ecolalia en la que repiten como un eco lo que escuchan. La ecolalia es una fase normal del desarrollo del lenguaje que generalmente se supera alrededor de los dos años y medio.
  • Se produce un gran avance en la adquisición y uso del habla: comienzo de las combinaciones de palabras en frases cortas.
  • El vocabulario comprensivo crece con mayor velocidad que el expresivo; a los dos años el niño puede entender más de 1.000 palabras.
6.5.- De 2 a 3 años
  • El  niño habla diciendo frases como “No voy a decírtelo” y preguntas como “¿A dónde va mi papá?
  • Muchos niños tienen un vocabulario expresivo de hasta 900 palabras diferentes con una media de tres o cuatro palabras por frase.
  • Son capaces de obedecer órdenes complejas como “Recoge el muñeco y dámelo”
6.6.- De 3 a 4 años
  • Las frases son más largas y variadas. “Carlota está jugando con agua” “Mamá se fue a trabajar” “El gato tiene hambre”.
  • Usan el lenguaje para pedir, protestar, mostrarse de acuerdo y hacer chistes.
  • Pueden completar analogías simples como “Durante el día hay luz, por la noche hay…”  “El hermano es un niño, la hermana es una….”
  • Tienen algunos errores fonéticos. “Está pegasosa” (pegajosa). “Me da miedo tu perrita porque me saca la luenga” (lengua).
  • Muchos niños de 3 años repiten sonidos y palabras (c-c-c-amino o p-p-p-equeño) Estas repeticiones y dudas son normales y no indican que el niño vaya a ser tartamudo.
6.7.- De 4 a 5 años
  • Tienen un vocabulario de más de 1.500 palabras y hacen frases con una longitud media de cinco palabras seguidas.
  • Comienzan a modificar el habla según quién les escucha: por ejemplo emplean frases más extensas y complejas cuando hablan con su madre que con un niño o un muñeco.
  • Usan conjunciones como si, cuando y porque.
  • Muchos siguen teniendo dificultades con consonantes como /r/, /s/, y /z/ o con dobles consonantes como /tr/, /gl/…
6.8.- Después de los 5 años
  • La lengua continúa desarrollándose con firmeza, aunque los avances son ya menos espectaculares.
  • Los niños de 6 años utilizan casi todo el idioma adulto complejo.
  • Los modelos lingüísticos de los niños de primer curso de primaria están normalmente al nivel de los de su familia, barrio y región.

7.- La importancia de la relación adulto-niño en el desarrollo del lenguaje

La interacción con los padres es fundamental en el desarrollo del lenguaje infantil como lo demuestran algunos estudios que han encontrado que los hijos primogénitos son más precoces en el desarrollo del lenguaje, entre otras razones porque los padres pueden dedicarles mayor atención.

Cuando un niño comienza a hablar los adultos pueden emplear una serie de estrategias en sus relaciones utilizando la expansión o la interrogación  como recursos que mejoren la comunicación infantil.

Expansión Niño: pelo muerde (perro muerde)

Papá; sí el perro mordió el juguete

Interrogación Niño: pelo muerde (perro muerde)

Papá: ¿Qué fue lo que hizo el perro?

En estos dos tipos de interacción los padres comunican al niño que su comunicación no es tan buena como podría llegar a ser y con la clase de frases que usan los padres en la expansión y en la interrogación le dan indicaciones de cómo debe ir cambiando su sintaxis para conseguir que sea más efectiva.

Como indica De Mortemart (1996) es importante que los mensajes del niño obtengan siempre respuesta, ya que las conversaciones entre padres e hijos constituyen la enseñanza más enriquecedora que puede recibir un niño. En este sentido es importante que se cree un verdadero clima de comunicación.

Arturo, de 3 años, ve avanzar un pato por un estanque y le dice a su madre:      – ¿El pato va a comerse el pan?. La madre contesta. – Cuidado no metas los pies en el agua.

Es evidente que la madre no ha respondido al mensaje del hijo. Debería haber dicho:

- Sí, el pato va a recoger el pan para comérselo, pero tú ten cuidado y no metas los pies en el agua.

De Mortemart (1996) señala que este tipo de error repetido muchas veces provocará que el niño prescinda de la comunicación, ya que nadie escucha sus esfuerzos.

Los buenos procesos de comunicación crean un plano que algunos autores llaman interpsicológico, que resulta de vital importancia en el desarrollo de las competencias cognitivas de los niños. Pongamos este ejemplo citado por Wertsch (1993)

Una niña de seis años ha perdido un juguete y pide ayuda a su padre. El padre pregunta dónde lo vio por última vez; la niña dice : – no puedo recordar. El hace una serie de preguntas: ¿lo tenías en tu habitación? ¿afuera? ¿al lado? A cada pregunta la niña contesta  -no. Cuando él dice ¿en el coche?, ella responde – creo que sí, y va a recuperar su juguete.

En este caso, Wersch afirma que es la pareja, la díada, la que recuerda en el plano interpsicológico, ya que la niña por si sola no sabe recordar sin las estrategias que el adulto le facilita. Este tipo de interacciones es muy positiva porque cuando ella se encuentre otra vez en una situación similar o tenga que resolver un problema habrá aprendido que lo que hay que hacer es ir considerando sistemáticamente distintas posibilidades. Llegados a  este punto creemos que es importante destacar que muchos niños con necesidades educativas especiales, lo son, porque no han tenido junto a ellos a adultos que hayan sabido desarrollar sus mentes creando buenos planos interpsicológicos, ricos en vocabulario, reflexiones y esquemas de actuación.

8.- Signos de alerta y consejos prácticos.

Oír bien, tener una buena discriminación auditiva es indispensable para percibir todos los fonemas de una lengua y luego reproducirlos correctamente. Un niño que se resfría con frecuencia, puede acabar padeciendo pequeñas pérdidas auditivas por acumulación de mucosidad en el oído.  Por lo tanto si su hijo se queja de dolor de oídos y tiene frecuentes errores de pronunciación, debe acudir a un especialista.

Cuando las amígdalas son importantes el niño presenta una voz gutural y si se inflaman las vegetaciones la voz se hace nasal y perjudica la pronunciación.

Hay que vigilar la salud del niño y evitar que los problemas de otorrinolaringología se prolonguen durante mucho tiempo.

Observe también si su hijo tiene un desarrollo lingüístico similar a los niños de su edad, y consulte ante la duda a algún profesional.

Si usted quiere analizar con detenimiento la evolución de su bebé de 0 a 2 años, le recomendamos el “Currículo Carolina”, se trata de una guía del desarrollo dirigida a padres y a otros profesionales que estén en contacto con bebés. Aunque el título completo de la obra es: Currículo Carolina. Evaluación y ejercicios para niños pequeños con necesidades especiales, en realidad es una guía para seguir y estimular el desarrollo de todos los niños, tengan o no esas necesidades.

Tenga presente que hay que considerar a los niños globalmente, lo que quiere decir que los distintos desarrollos están relacionados (psicomotor, cognitivo, afectivo-social…). Por lo tanto, siempre que se favorece un desarrollo todo el proceso puede salir beneficiado. Por ejemplo, estimulando el desarrollo psicomotor usted favorece el desarrollo del lenguaje, ya que el lenguaje también es coordinación y psicomotricidad. Por esta razón, generalmente los niños que caminan un poco más tarde de lo normal (con 15 o 16 meses), también se retrasan un poco en el lenguaje, y contrariamente los niños precoces en psicomotricidad suelen ser también precoces en el habla.

9.- Libros recomendados

De Mortemart, P. (1997). Mi hijo se expresa bien. Barcelona: Medici

La autora es una logopeda especializada en problemas de expresión en la infancia. En su trabajo destaca los aspectos fundamentales del aprendizaje del lenguaje oral, señalando que para poder hablar además de las estructuras del sistema nervioso y de las facultades del cerebro se precisan dos requisitos fundamentales: una buena audición y una articulación correcta.

Se insiste a los padres sobre la importancia de hablar mucho al niño, sumergiéndolo en un verdadero “baño de lenguaje” y cuidando el clima de comunicación con respuestas apropiadas a la edad y preguntas de los niños.

Carrió, M.T.; Martí, R. y Martí, M.T. (1991). Prevención de las dislalias. Alcoy: Marfil.

Aunque este libro está especialmente pensado para ser trabajado en la escuela infantil, nos parece que puede ser interesante para padres de niños comprendidos entre 3 y 6 años. Sobre todo sin han observado que sus hijos tienen dificultades de expresión. Es un material breve pero bien estructurado y práctico con láminas, juegos, canciones y cuentos dirigido a trabajar todos los aspectos del lenguaje oral (respiración, discriminación auditiva, ritmo, vocalización y estructuración gramatical).

Jones, C. (1995). Cómo ser el mejor profesor de su hijo preescolar. Barcelona: Médici.

Destacamos en este libro de lectura fácil el capítulo siete dedicado al lenguaje y titulado: Cómo pasárselo bien con las palabras.

La autora da sugerencias a los padres para desarrollar el vocabulario y una buena expresión mediante juegos y actividades como contar cuentos, canciones, acertijos, trabalenguas, representación teatral y otras actividades.

Johnson- Martin, N.M.; Kenneth, G.J.; Attermeier, S.M. y Hacker, B. (1994). Currículo Carolina. Evaluación y ejercicios para niños pequeños con necesidades especiales. Madrid: TEA.

Está dirigido a todos los niños (tengan o no, necesidades educativas especiales)  con edades comprendidas entre 0-24 meses. Sus autores afirman que puede ser utilizado por padres, psicólogos, logopedas, enfermeras, fisioterapeutas y educadores.

Consta de numerosas actividades que valoran la cognición, comunicación, adaptación social, motricidad gruesa y motricidad fina de los niños.  Estas actividades están perfectamente detalladas y se proponen sugerencias para estimularlas en el caso de que el bebé no las realice con éxito.

Vidal, M. y Diaz, J. (1992). Atención temprana. Madrid: CEPE.

Las autoras defienden en este trabajo que la atención temprana como educación o guía del desarrollo evolutivo es necesaria para toda la población infantil de cero a tres años. El programa propuesto se estructura en trimestres el primer año;  en semestres, el segundo año,  y globalmente, el tercero. Las áreas a trabajar son: motricidad, lenguaje, socialización y cognición. De las actividades propuestas los padres deben elegir las que se consideren más adecuadas.

Referencias Bibliográficas

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De Mortemart, P. (1997). Mi hijo se expresa bien. Barcelona: Medici

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