Entrevista José Martínez Sanchez

14 01 2010

La siguiente es una entrevista realizada al escritor José MartínezSánches, a pocos días del lanzamiento de su último libro. En esta oportunidad se trata de una publicación donde el autor aborda nuevamente el tema de los niños discapacitados. A continuación presentamos un reportaje realizado por el equipo de editores ciegos de Lázarum.com, donde el mismo escritor nos habla de su más reciente obra.

¿Qué nos puede contar de su último trabajo?
Es un libro diseñado para que tanto los niños con discapacidad como los niños que no están afectados por ninguna, puedan jugar juntos. Son juegos sencillos y activos para entretener a todos por igual, ya sean invidentes, sordos, en sillas de ruedas u otras discapacidades.

¿De dónde surge la idea?
La idea surgió después de trabajar durante quince años como animador sociocultural. Durante ese tiempo realicé reuniones y actividades para todas las edades y noté que los niños con discapacidad no asistían a las fiestas. De allí la idea de preparar un libro que rompiera las barreras. Según me comentan el mismo reúne estas condiciones.
¿Cuál es la finalidad del libro?
Yo creo que la finalidad del libro es la de ofrecer a la sociedad una guía que ayude a la igualdad entre todos para romper las barreras. Creo además que los juegos pueden ayudar, ya que si desde pequeños los acostumbramos a que participen todos juntos el día de mañana tendremos mucho ganado.

¿Cuál es a su parecer, el valor más destacado de su publicación?
El libro por sobre todas las cosas, mediante los juegos y la recreación, intenta ayudar a que padres, abuelos, familia y fundamentalmente los niños sin discapacidades, puedan disfrutar juntos de actividades amenas y divertidas que faciliten la integración y la alegría de los niños discapacitados.

Para los interesados en saber más sobre la edición ¿Dónde pueden obtener más información?
Los interesados en conocer ésta y otras de mis obras vinculadas a los niños discapacitados, pueden visitar mi sitio Web…
http://www.martinezescritor.es
Allí tendrán la posibilidad de conocer más sobre mí, sobre mi trayectoria y sobre mis anteriores publicaciones.





El verdadero valor del anillo

13 01 2010

Un joven concurrió a un sabio en busca de ayuda.
– Vengo, maestro, porque me siento tan poca cosa que no tengo fuerzas para hacer nada. Me dicen que no sirvo, que no hago nada bien, que soy torpe y bastante tonto. ¿Cómo puedo mejorar maestro? ¿Qué puedo hacer para que me valoren más?
El maestro, sin mirarlo, le dijo:
– ¡Cuánto lo siento muchacho, no puedo ayudarte, debo resolver primero mis propios problemas. Quizás después… Si quisieras ayudarme tú a mí, yo podría resolver este tema con más rapidez y después tal vez te pueda ayudar.
– E… encantado, maestro -titubeó el joven pero sintió que otra vez era desvalorizado y sus necesidades postergadas-.
– Bien -asintió el maestro-. Se quitó un anillo que llevaba en el dedo pequeño de la mano izquierda y dándoselo al muchacho agregó: Toma el caballo que está allí afuera y cabalga hasta el mercado. Debo vender este anillo para pagar una deuda. Es necesario que obtengas por él la mayor suma posible, pero no aceptes menos de una moneda de oro. Vete y regresa con esa moneda lo más rápido que puedas.
El joven tomó el anillo y partió. Apenas llegó, empezó a ofrecer el anillo a los mercaderes. Estos lo miraban con algún interés hasta que el joven decía lo que pretendía por el anillo. Cuando el joven mencionaba la moneda de oro, algunos reían, otros le daban vuelta la cara y sólo un viejito fue tan amable como para tomarse la molestia de explicarle que una moneda de oro era muy valiosa para entregarla a cambio de un anillo.
En afán de ayudar, alguien le ofreció una moneda de plata y un cacharro de cobre, pero el joven tenía instrucciones de no aceptar menos de una moneda de oro, así que rechazó la oferta.
Después de ofrecer su joya a toda persona que se cruzaba en el mercado -más de cien personas- y abatido por su fracaso, montó su caballo y regresó.
¡Cuánto hubiese deseado el joven tener él mismo esa moneda de oro! Podría habérsela entregado al maestro para liberarlo de su preocupación y recibir entonces su consejo y su ayuda.
– Maestro -dijo- lo siento, no es posible conseguir lo que me pediste. Quizás pudiera conseguir 2 ó 3 monedas de plata, pero no creo que yo pueda engañar a nadie respecto del verdadero valor del anillo.
– ¡Qué importante lo que dijiste, joven amigo! -contestó sonriente el maestro-. Debemos saber primero el verdadero valor del anillo. Vuelve a montar y vete al joyero. ¿Quién mejor que él para saberlo? Dile que quisieras vender el anillo y pregúntale cuánto da por él. Pero no importa lo que ofrezca, no se lo vendas. Vuelve aquí con mi anillo.
El joven volvió a cabalgar. El joyero examinó el anillo a la luz del candil, lo miró con su lupa, lo pesó y luego le dijo:
– Dile al maestro, muchacho, que si lo quiere vender ya, no puedo darle más que 58 monedas de oro por su anillo.
– ¿¿¿¿58 monedas???? -exclamó el joven-.
– Sí, -replicó el joyero-. Yo sé que con tiempo podríamos obtener por él cerca de 70 monedas, pero no sé… Si la venta es urgente…
El joven corrió emocionado a casa del maestro a contarle lo sucedido.
– Siéntate -dijo el maestro después de escucharlo-. Tú eres como este anillo: una joya única y valiosa. Y como tal, sólo puede evaluarte verdaderamente un experto. ¿Qué haces por la vida pretendiendo que cualquiera descubra tu verdadero valor?
Y diciendo esto, volvió a ponerse el anillo en el dedo pequeño de su mano izquierda.

“Recuentos para Demián”
Jorge Bucal





Los dientes del sultán

12 01 2010

En un país muy lejano, al oriente del gran desierto vivía un viejo Sultán, dueño de una inmensa fortuna.
El Sultán era un hombre muy temperamental además de supersticioso. Una noche soñó que había perdido todos los dientes. Inmediatamente después de despertar, mandó llamar a uno de los sabios de su corte para pedirle urgentemente que interpretase su sueño.
– ¡Qué desgracia mi Señor! – exclamó el Sabio – Cada diente caído representa la pérdida de un pariente de Vuestra Majestad.
– ¡Qué insolencia! – gritó el Sultán enfurecido – ¿Cómo te atreves a decirme semejante cosa? ¡Fuera de aquí!
Llamó a su guardia y ordenó que le dieran cien latigazos, por ser un pájaro de mal agüero. Más tarde, ordenó que le trajesen a otro Sabio y le contó lo que había soñado. Este, después de escuchar al Sultán con atención, le dijo:
– ¡Excelso Señor! Gran felicidad os ha sido reservada. El sueño significa que vuestra merced tendrá una larga vida y sobrevivirá a todos sus parientes.
Se iluminó el semblante del Sultán con una gran sonrisa y ordenó que le dieran cien monedas de oro. Cuando éste salía del Palacio, uno de los consejeros reales le dijo admirado:
– ¡No es posible! La interpretación que habéis hecho de los sueños del Sultán es la misma que la del primer Sabio. No entiendo por qué al primero le castigó con cien azotes, mientras que a vos os premia con cien monedas de oro.
– Recuerda bien amigo mío –respondió el segundo Sabio– que todo depende de la forma en que se dicen las cosas… La verdad puede compararse con una piedra preciosa. Si la lanzamos contra el rostro de alguien, puede herir, pero si la enchapamos en un delicado embalaje y la ofrecemos con ternura, ciertamente será aceptada con agrado…
– No olvides mi querido amigo –continuó el sabio– que puedes comunicar una misma verdad de dos formas: la pesimista que sólo recalcará el lado negativo de esa verdad; o la optimista, que sabrá encontrarle siempre el lado positivo a la misma verdad”.





El pato en la escuela

12 01 2010

Por Miguel Angel Santos Guerra

Cierta vez, los animales del bosque decidieron hacer algo para afrontar los problemas del mundo nuevo y organizaron una escuela. Adoptaron un currículo de actividades consistente en correr, trepar, nadar y volar y para que fuera más fácil enseñarlo, todos los animales se inscribieron en todas las asignaturas.

El pato era estudiante sobresaliente en la asignatura natación. De hecho, superior a su maestro. Obtuvo un suficiente en vuelo, pero en carrera resultó deficiente. Como era de aprendizaje lento en carrera tuvo que quedarse en la escuela después de hora y abandonar la natación para practicar la carrera. Estas ejercitaciones continuaron hasta que sus pies membranosos se desgastaron, y entonces pasó a ser un alumno apenas mediano en la natación. Pero la medianía se aceptaba en la escuela, de manera que a nadie le preocupó lo sucedido salvo, como es natural, al pato.

La liebre comenzó el curso como el alumno más distinguido en carrera pero sufrió un colapso nervioso por exceso de trabajo en natación. La ardilla era sobresaliente en trepa, hasta que manifestó un síndrome de frustración en la clase de vuelo, donde su maestro le hacía comenzar desde el suelo, en vez de hacerlo desde la cima del árbol.

Por último enfermo de calambres por exceso de esfuerzo, y entonces, la calificaron con 6 de 10, en trepa y con 4 de 10, en carrera.

El águila era un alumno problema y recibió malas notas en conducta. En el curso de trepa superaba a todos los demás en el ejercicio de subir hasta la copa del árbol, pero se obstinaba en hacerlo a su manera.

Al terminar el año, un anguila anormal, que podía nadar de forma sobresaliente y también correr y trepar y volar un poco, obtuvo el promedio superior y la medalla al mejor alumnado.

Este cuento ha sido tomado de la página Utopía y Educación





Un niño

12 01 2010

Por Helen Buckley

Una vez un niño fue a la escuela. Él era bien pequeño. Y la escuela era bien grande. Pero cuando el niño vio que podía ir a su clase caminando directamente desde la puerta de afuera, él se sintió feliz, y la escuela no le parecía tan grande así:

Una mañana, cuando hacía poco que él estaba en la escuela, la maestra dijo:

¨ Hoy vamos a hacer un dibujo.
¨ Bien –pensó él.

A él le gustaba dibujar. El podía hacer todas las cosas: leones y tigres, gallinas y vacas, trenes y barcos…, y tomó su caja de lápices y comenzó a dibujar. Pero la maestra dijo:

¨ ¡Esperen! ¡No es hora de comenzar!

Y él espero hasta que todos estuviesen prontos.

¨ ¡Ahora! –dijo la maestra- Vamos a dibujar flores.
¨ ¡Bueno! –pensó el niño.

A él le gustaba dibujar flores con lápiz rosa, naranja, azul. Pero la maestra dijo:

¨ ¡Esperen! Yo les mostraré cómo se hacen. ¡Así! –dijo la maestra, y era una flor roja con tallo verde.
¨ ¡Ahora sí! – dijo la maestra -. Ahora pueden comenzar. Leer el resto de esta entrada »





Desarrollo del lenguaje infantil

12 01 2010

1.- Introducción

El estudio del desarrollo del lenguaje en el niño es un tema muy atractivo por lo interesante que resulta científicamente la facilidad con la que nacen los seres humanos para dominar los procesos de comunicación y lenguaje. Quizás, como han indicado con énfasis los antropólogos, para compensar la indefensión e inmadurez del neonato y del bebé. Además, el lenguaje es el vehículo que nos permite ser como señala la vieja metáfora “enanos subidos sobre las espaldas de gigantes” (Merton,1965), para hacer referencia al hecho de que cada ser humano tiene como punto de partida aquél en el que se encuentra su contexto sociocultural y, por lo tanto, subido a ese gigante que es la cultura, su evolución será muy distinta. El lenguaje es esa escalera y las palabras son los peldaños que posibilitarán a los niños subir a “la espalda del gigante” y evolucionar con las mejores expectativas. No comprender, no oír las palabras, es un freno tan grande para el desarrollo que las personas que se encuentran en esa situación, y no son ayudadas convenientemente, sufren el más duro de los estancamientos. Este es el caso de la cita que recogemos a continuación, extraída del libro de Laborit (1995), relato autobiográfico de una joven francesa sorda de nacimiento. Su obra se titula El grito de la gaviota, porque los gritos agudos que Emmanuelle emitía de pequeña recordaban a su familia el chillido de ese ave marina. Además en el original francés hay un juego de palabras porque “muette” significa  muda y “mouette” es gaviota.

“Las palabras son una cosa rara para mí desde la infancia. Digo cosa rara por lo que tuvieron de extraño al principio.

¿Qué querían decir aquellos gestos de la gente que había a mi alrededor, con su boca en forma de círculo, o estirada en muecas diferentes, con los labios en posiciones curiosas? Yo notaba alguna cosa distinta cuando se trataba de cólera, de tristeza o de contento, pero el muro invisible que me separaba de los sonidos correspondientes a dicha mímica era a la vez de vidrio transparente y de cemento. Me agitaba a un lado de ese muro y los demás hacían lo mismo al otro lado. Cuando intentaba reproducir sus gestos como un monito, no eran palabras, sino letras visuales. A veces me enseñaban palabras o una sílaba o dos sílabas que se parecían, como papá, mamá, tata.

Los conceptos más sencillos eran aún más misteriosos. Ayer, mañana, hoy. Mi cerebro funcionaba en el presente. ¿Qué significaban el pasado y el futuro? Leer el resto de esta entrada »





Legislación de necesidades educativas especiales

12 01 2010

necesidades educativas especiales